
Al igual que toda obra humana, las obras que realizamos para el Reino de Dios, también atraviesan un proceso.
Apocalipsis 22:12 Vengo pronto!, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra.
A mí, en lo particular, me gusta resumir este proceso en cuatro etapas.
I. Instrucción / la semilla
Todo comienza con la palabra que el Señor te da. La palabra implica una serie de directrices de lo que debes hacer en el Ministerio. En el Antiguo Testamento podríamos resumir la instrucción de Dios en los 10 mandamientos. En el Nuevo Testamento, podríamos resumir la instrucción del Señor en la Gran Comisión que nos dejó. No obstante, cada uno de nosotros hemos sido creados con propósitos únicos y especiales.
Hoy en día, la mayoría de personas, se acomodan evitando escuchar esta etapa y, a cambio, prefieren saltarse al siguiente nivel del proceso. ¿Alguna vez has evitado leer un instructivo o manual antes de operar un aparato electrónico? Creemos que ya conocemos su funcionamiento, así que no le encontramos sentido (pérdida de tiempo para muchos). En lo espiritual, sería como evitar escuchar la voz de Dios y, en consecuencia, hacer nuestra voluntad y alejarnos de la suya.
II. Obediencia / la siembra
Una vez instruido(a), comienzas a accionar aquello que has recibido. Esa es tu obediencia. En tanto comienzas a caminar según la voluntad de Dios, Él te respalda. Claro, la obediencia a una instrucción divina es inyectada por la fe.
III. Paciencia / la germinación
Ya tienes la palabra (instrucción), estás accionándola (obediencia), ahora te corresponde esperar (paciencia). Esa espera, en la que estás obedeciendo y cumpliendo lo que Él te ha encomendado, determina tu adoración por aquel que te llamó. Recuérdalo, no fuiste tú quien lo escogió, Él te escogió a ti, y luego tú a cambio, lo aceptaste y ahora caminas con Él.
IV. Promesa / el fruto y la cosecha
La tierra prometida es entregada a quienes han cumplido los pasos anteriores. Recuerda que si algo nos ha enseñado la Palabra, es que el desierto es la antesala de una bendición. El pueblo de Dios tuvo que atravesarlo antes de entrar en la tierra prometida. Moisés mismo, quien lideró al pueblo, estuvo en el desierto antes de ser llamado. Jesús, el hijo de Dios, fue incluso tentado en el desierto previo al inicio del su ministerio.
¡No temas! La prueba es el anuncio de que algo grande viene a tu vida.
2 Timoteo 4:7-8 He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está reservada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no solo a mí, sino también a todos los que aman su venida.
Recuérdalo: Dios no necesita pichones, busca águilas que vuelen sin miedo a las alturas y con visiones claras y objetivas. Dios no busca personas perezosas y sentimentalmente delicadas, anhela líderes con fuerzas de búfalo para resistir al enemigo y derrotar al diablo. Dios no necesita gente que camina de puntillas, busca a personas que estén dispuestos a caminar con Él sobre las aguas y hasta por valles de sombra de muerte sin temor.
Sueños de Dios
(Parte III)
por Fernando Arias