![]() |
Padre: Esta es mi Petición... por Fernando Arias |
La Palabra es clara en asegurarnos que Dios tiene la capacidad de conocer las peticiones de nuestros corazones. Pero, ¿haces tú la parte que te corresponde al dárselas a conocer tú a Él?
Filipenses 4:6 (NVI), dice así: “No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias.” Presta atención a las dos últimas recomendaciones: “presenten sus peticiones a Dios” y “denle gracias”.
Déjame contarte un testimonio de algo que hace un tiempo me ocurrió. Iba conduciendo mi vehículo por la carretera, y mientras tanto, entablaba una conversación interesante con alguien que me acompañaba en esa ocasión. Estuvimos compartiendo algunos de nuestros anhelos en nuestro servicio a Dios, cuando de pronto expresé la siguiente frase: “¿Sabés qué le pido a Dios?...” y luego hice conocer algo que yo quería y que esperaba algún día obtener de mi Padre Celestial. Pero, casi de manera inmediata al concluir mi comentario, una voz claramente habló a mi espíritu y me dijo: “Eso NUNCA me lo has pedido”. Me abrumé inmediatamente.
Mi espíritu fue conmovido por una frase que yo mismo expresé, porque en ese momento caí en cuenta que lo que yo decía no correspondía a una total realidad. Es decir, en pocas palabras, sin darme yo cuenta, había mentido. Si bien, existía una petición dentro de mí, nunca se la había expresado a mi Padre, quien era el único que podía hacer que se cumpliera. Ponte a pensar en ello, ¿cuántas veces has dicho una frase semejante a la que yo dije ese día?, suponiendo que Dios ya te escuchó, pero en realidad nunca te has tomado el tiempo de expresársela, como Filipenses 4:6 nos exhorta a hacerlo.
Es muy común escuchar a personas en conversaciones casuales –y aún otras más formales- decir: “Es que yo le pido a Dios que…”; “Yo le he dicho a Dios…”, o en ocasiones, “¿Sabes qué vengo pidiéndole a Dios desde hace años…?”, cuando en realidad nunca lo han expresado a quien realmente le corresponde escuchar esa petición (a Dios). Ese día que fui confrontado por el Espíritu Santo, descubrí el verdadero significado de entrar en intimidad con Dios para expresarle mis anhelos más profundos y otorgarle a Él su papel de principal proveedor de mi vida. No sólo por mis obras, sino por ser un hijo heredero del Reino de mi Papá.
¿De qué sirve guardar en tu corazón todos tus sueños? ¿No crees que le corresponda a Dios conocerlos y obrar por ti para cumplírtelos, sabiendo tú que Él es tu Padre Todopoderoso para hacerlo posible por ti, y muchas veces a través de ti? No apresures a decir a la ligera que Dios conoce tus peticiones, si nunca se las has expresado. Medita en ello por un momento y comienza a pedirle a Dios con oración y ruego adelantándote a dar gracias como si lo hubieras recibido (te lo conceda o no, según sea su voluntad). Esto no sólo activará tu fe, sino que pondrá a ejercitar la gratitud que debe constantemente estar presente en tu corazón, no sólo por lo que has de recibir, sino por también por lo que te ha dado.
En Salmos 37: 4 al 5 (NVI) está la clave para que Dios conceda los deseos de tu corazón: “Deléitate en el Señor, y él te concederá los deseos de tu corazón. Encomienda al Señor tu *camino; confía en él, y él actuará.” La clave está en: (1) deleitarte en tu constante comunión con tu Padre, (2) encomendarle a Él lo que necesitas, (3) confiar en que él obrará conforme a su voluntad. Y por último, (4) orar dando gracias anticipadamente, como lo enseña Filipenses 4:6 (“presenten sus peticiones a Dios y denle gracias”). No esperes recibirlas, adelántate a agradecer que Él te escucha y que obrará a tu favor.
Aprende a expresar tus peticiones. No te apresures a darlas a conocer a otros antes que a tu Padre, quien sí es capaz de hacerlas cumplir por ti. Vive agradecido y deléitate por tener un Padre capaz de suplir todas tus necesidades conforme a sus riquezas en gloria.