En Marcos 1:16 en adelante, puedes conocer cómo es que Jesús llamó y escogió a sus primeros discípulos. Seguramente, esa mañana, estuvo pensando que necesitaba cumplir con la misión de expandir el Reino de Dios sobre la tierra.

“Andando junto al Mar de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés que echaban la red en el mar, porque eran pescadores. 17 Y les dijo Jesús: Venid en pos de mí, y haré que seáis pescadores de hombres.” Marcos 1:16-17.

Cuando estás por iniciar una misión importante, seguramente comienzas trabajando en los lugares en que esperarías encontrar a personas que puedan servirte de apoyo para lograr aquello que necesitas hacer. Eso fue lo que Jesús hizo. Sabía que debía salir al rescate de las almas perdidas dando su vida por ellas, pero no lo haría uno a uno, sino establecería redes de crecimiento que se expandieran por todo el mundo. Pero, ¿dónde podría empezar y a quiénes podría elegir para cumplir esa función?

¡Qué ingeniosa creatividad la de nuestro Padre que pensando en expandir su Reino, pensaría en pescadores! Y el lugar más indicado para encontrarlos: la orilla del mar. El plan de Jesús era convertirlos de pescadores comunes a pescadores extraordinarios. Y es que Jesús siempre fue un transformador por excelencia: agua por vino, enfermedades por sanidades, peces por hombres, seguidores por discípulos, muerte por vida.

Jesús puede transformarte en un pescador extraordinario como lo hizo con Simón y Andrés porque tiene el poder para transformar tu herramienta de pesca y tu pez también. Si usas una caña, puede cambiártela por redes. Si antes pescabas peces, ahora puede enviarte a pescar hombres. Si antes lo hacías en lagos y ríos, puede entregarte naciones y pueblos enteros. ¡La misma vara que Moisés usaba para guiar ovejas, Dios la transformó en una herramienta con el poder extraordinario para abrir el Mar Rojo y guiar a su pueblo a través de un desierto! Pasó de ser un palo ordinario a una vara extraordinaria, convirtiendo a aquel pastor de ovejas ordinario en un pastor de multitudes extraordinario.

De manera que Dios tiene la peculiar estrategia de cambiar y redefinir nuestros propósitos permitiéndonos usar los dones y talentos que él mismo nos entregó para el efecto. Por eso, muchos que antes componíamos música para el mundo, ahora lo hacemos para guiar a multitudes a la presencia de Dios usando los mismos dones que siempre hemos tenido. Seguimos pescando, ¡pero nos ha cambiado la caña y el pez!

Convertirte en un pescador extraordinario te hace meditar en muchas cosas. Dejas de prestar tanta atención a lo que haces y diriges más tus esfuerzos hacia aquel por quien lo haces todo; porque no es lo mismo amar todo lo que se hace, que amar a aquel por quien lo hacemos todo. Eso marca la diferencia entre ser un artista y un adorador.

Dios no tiene limitaciones a la hora de querer usar a una persona para cumplir una misión. Él es infinito y sus propósitos en Él también lo son. Recuérdalo: ninguna cosa que experimenta un toque de Dios regresa a su estado usual, todo es transformado. Pídele a Dios que haga de ti una persona extraordinaria en todo sentido.

"Pescadores Extraordinarios"

por Fernando Arias